En una sociedad como la vasca, la caza abandonó hace tiempo su ancestral condición de actividad de supervivencia, destinada a proporcionar recursos energéticos. No obstante, a pesar de haber mudado su razón de ser original, la práctica cinegética y la pesca deportiva conservan gran parte de su trascendencia como elementos indispensables para garantizar un porvenir prometedor del ser humano y del entorno. Dar caza a una pieza no debe entender nunca reducirse al hecho puntual de un abatimiento desprovisto de sentido, sino que ha de ser concebido como el final de un proceso iniciado hace meses e incluso años antes de ese lance cinegético. La caza supone cuidar a las especies cinegéticas, sus áreas de descanso, refugio o alimentación; y su práctica ha de ser respetuosa, fruto de una planificación que parta de la plena conciencia de que, como el recurso natural que es, la sobreexplotación puede llevar a su funesto agotamiento.

A partir de estos hitos, el nuevo contexto nos conduce paso a paso hasta alcanzar una premisa llamada a convertirse en inamovible: la caza ha de practicarse bajo una estricta planificación y sujeta a una gestión que implique tanto la conservación del recurso en sí mismo y de los hábitats en los que viven las especies cinegéticas, como de las restantes especies silvestres que comparten con ellas dichos hábitats. Y su colaboración y aportación al mundo rural deben de potenciarse. La cultura rural compartida entre cazadores, pescadores y baserritarras debe de ser un patrimonio a conservar y fomentar por nuestros colectivos, como base de lo que fuimos y pretendemos ser.

Pero el imperativo de índole ambiental se le va sumando en los albores de este nuevo siglo otros condicionantes de gran relevancia. Los factores sociales, económicos, culturales, recreativos o turísticos, van dotando al mundo de la caza y la pesca de una nueva dimensión, cuyo valor añadido es cada vez más evidente y necesario en una sociedad marcada por su creciente carácter urbano y su progresivo alejamiento del medio rural. Un axioma que a veces genera incomprensión hacia la práctica cinegética, y algo que a la postre se traduce en rechazo.

Todo ello enfatiza la obligación de desarrollar una caza y pesca basadas en un modelo de gestión idóneo desde el punto de vista de la sostenibilidad social, económica y ambiental, y con el que está comprometida la Asociación ADECAP. Modelo que ha de sustentarse en la mejora del conocimiento, en la aplicación de las nuevas tecnologías y en la proyección de una nueva imagen del cazador. Así, sigue incidiendo ADECAP en los últimos años: En la defensa de la Naturaleza, de su Conservación, del Medio Ambiente y en la contribución en términos globales al Desarrollo Sostenible. Objetivos todos ellos necesarios para lograr una caza de calidad, sostenible y basada en la gestión del hábitat.